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El duelo

El duelo

Cuando hablamos de duelo, normalmente la primera idea que produce nuestra mente es el cúmulo de emociones negativas que produce el cerebro de la gente ante el fallecimiento de un ser querido. Es cierto que esta representación se queda un poco corta, porque, si bien es cierta, no acapara la definición completa. El duelo tiene que ver con la pérdida, real o imaginaria, de algo o alguien que es importante para nosotros. Bien sea un trabajo, un amigo con el que nos llevábamos muy bien y teníamos mucho contacto y que se ha ido a vivir fuera, la ruptura con una pareja o un familiar, etc.
De tal manera que se pueden vivir varios duelos a lo largo de la vida y/o varios duelos a la par.
Solemos tener la opinión de que ‘el tiempo lo cura todo’ por lo que, dejar pasar los días es la opción para conseguir la mejora. También que hay que hacer un montón de actividades para mantener la mente ocupada y distraída. Así favoreceremos el no pensar en aquello que nos preocupa y estaremos mejor. Pero, tenemos que decirte que esto no es eficaz. Tapar la herida no es sanarla, es parchearla y pueden surgir complicaciones.

El cerebro tiene que pasar por unos momentos o fases en los que, si no le damos lo que necesita, no podrá sobreponerse ni completar el proceso natural del dolor, la aflicción y la pena.

Has de saber que estas fases:

No son lineales: a pesar de que irán numeradas para que nos entendamos, no todo el mundo sigue el mismo recorrido. No pasa nada si de la 1 pasas a la 3 y después vivencias la 2. No hay nada malo en ti.
La duración no es determinada: cada persona necesita procesar las cosas a su ritmo y a su manera. Por favor, no hagas caso a quien te diga ‘es que ya ha pasado mucho tiempo, deberías estar mejor’ o ‘a mí me pasó lo mismo que ti y a los 3 meses ya estaba estupendamente’. Como decimos, las experiencias son personales. Competir y comparar en este ámbito es un craso error.
El duelo es un proceso, por lo general, largo. Muchas de nuestras estructuras cerebrales se tambalean y se caen. Reconstruir un nuevo esquema vital lleva tiempo. Esto tiene un sentido, forzar la mejora muchas veces produce el empeoramiento.

1) Aflicción aguda

Se produce el choque inicial en el que se tiende a negar la evidencia de lo acontecido. Ocurre que el organismo se siente incrédulo ante la recepción de la noticia en cuestión. Una vez que vamos procesando que puede ser real, nos invadirán oleadas de angustia bastante fuertes.
Mantenido en el tiempo, esto produce pensamientos obsesivos o circulares, así como síntomas físicos que nos hacen creer que podemos estar contrayendo alguna enfermedad. Por lo general,  el cuerpo habla lo que la boca calla, así que habrá somatizaciones, es decir, dolores e indicios físcos sin base orgánica pero que nos dificultan el día a día. En este punto, el desconcierto acerca del mundo y uno mismo es enorme. El miedo me invade y siento que no estoy seguro ni nada merece la pena.
Es común, de igual manera, encontrarse culpable por no haber hecho o dicho todo lo que uno quería. Por no haber reaccionado o haber sobrereaccionado.
Es una fase muy dura y para salir de ella es necesario hablar una y otra vez de aquello que he vivido.

2) Conciencia de la pérdida.

El individuo que padece estará ahora con una gran necesidad de protesta, de gritar a los cuatro vientos ¿Por qué a mí? Las emociones presentes serán la tristeza profunda y la agresividad. Se generarán trastornos del sueño, bien de conciliación, de mantenimiento, parasomnias…
Hay un comportamiento de búsqueda para paliar el sufrimiento, para poder llegar a una explicación, que, muchas veces no existe, o al menos no como nosotros deseamos, lo que nos lleva a una rabia atroz que tendremos, una vez más, que expresar. Bien sea física o verbalmente, pero tendremos que ‘desalojar’ de nuestro cuerpo para que no se enquiste y entonces no ennegrezca todo aún más.

3) Aislamiento y conservación

Llega un punto en el que la incomprensión que se puede llegar a sentir es mayúscula, así que no es difícil llevar a cabo un aislamiento social progresivo o total. Como llevas mucho tiempo más del que te gustaría sintiéndote mal, aparece la impaciencia, la frustración y la depresión. Es una fase muy delicada, porque de su superación depende caer o no en un duelo patológico.

4) Cicatrización

En este punto se adapta y modifica la visión de la realidad. Ya no pienso ‘el mundo está loco’, ‘estoy dañado para siempre’, ‘todo lo malo me sucede a mí’… Por lo que hay una aceptación del suceso en cuestión que provocó el daño y, por consiguiente, yo siento que vuelvo a recuperar el control, a tomar las riendas.
Intento ayudar a otros que pasan por lo mismo que yo, siento compasión y esas emociones incómodas empiezan a tener un sentido.
Reconocemos el valor que ha dado a nuestra vida aquello que hemos perdido, sabiendo que le debemos un agradecido recuerdo, aunque, nada va a volver a ser como antes, lo que no significa que vaya a ser peor.

El duelo es un proceso que va a vivir todo ser humano a lo largo de su existencia. Es cierto que hay personas que padecen más duelos que otras por diferentes circunstancias, pero no los vivas como castigos. Son oportunidades para aprender, conocerse, reinventarse.

Respétate a ti mismo. No cuides a los otros más que ti. Atiéndete.
En una vida hay muchas vidas, vayamos entonces a por la nueva que te depara el destino.

Jadra A. Sanz
Psicoterapeuta
Nº colegiada M-22844 Leer más acerca de El duelo

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