Dependencia emocional.

Vivimos y nos construimos en sociedad. Esto dificulta entender la exigencia tanto de uno mismo como del entorno de tener que ser completamente independientes. En nuestra naturaleza está depender de otros, sin embargo, esto no quiere decir que el otro polo, lo que constituiría la dependencia emocional, sea el apropiado.

Es importante comprender que a medida que vamos creciendo podemos ir ganando autonomía si nuestras figuras de apego lo favorecen. Cuando somos bebés, vamos a tener una completa dependencia de nuestras figuras por razones de supervivencia, y a medida que vamos desarrollándonos es responsabilidad de estos adultos ir fomentando nuestra exploración y autonomía, acompañándonos desde la seguridad, no desde la ansiedad y la angustia.

En ocasiones, cuando se ha recibido un tipo de crianza o apego ansioso y/o desorganizado, se puede favorecer la idea de que el entorno y los otros no son seguros. Por ello, estos niñ@s, que posteriormente serán adultos, solo conocerán una manera de regularse emocionalmente, y es a través de los otros desde una perspectiva de que el otro o el mundo es un lugar inseguro; y es algo que ocurrirá a menudo dado que la base emocional que se ha ido construyendo ha sido desde la angustia y/o la ambivalencia.

Vivir las relaciones desde la dependencia no es sano, podemos ayudarte.

Hay salida.

Marina Marhuenda

M-34252