Cuando los pensamientos nos limitan

¿Quién no ha tenido alguna vez en su vida algún pensamiento del tipo “No voy a ser capaz de aprobar ese examen”, “Seguro que caigo mal a mi compañero de mesa” o “No voy a encontrar una pareja nunca”? Este tipo de pensamientos son conocidos bajo el nombre de Distorsiones Cognitivas o Creencias Irracionales.

Pueden aparecer en ocasiones de forma aislada y es absolutamente normal y humano,  pero se convierten en un problema cuando son pensamientos reiterados y constantes que limitan y bloquean a la persona en determinadas facetas y actividades de la vida diaria. Como por ejemplo en el ámbito laboral, a la hora de establecer relaciones sociales, hablando en público o incluso ante el cuidado de los hijos.

Desde que nacemos, a través de la educación reciba, de las relaciones establecidas con nuestros cuidadores principales, los mensajes que hayamos recibido del exterior y experiencias que vivimos, desarrollamos una forma de pensar y unas ideas sobre el mundo y creamos unos esquemas de pensamiento en relación a las experiencias y situaciones vividas. A través de éstos nosotros vamos a interpretar esa información recibida, siendo para nosotros una interpretación objetiva y basada en la realidad. Es decir, pensaremos que lo que nosotros sentimos y percibimos es una realidad absoluta. Y esto no tiene nada que ver con el orgullo o la altanería, es pura supervivencia.

De partida, como decimos, es normal que se forme este esquema férreo, pero estas creencias irracionales son malinterpretaciones de lo que ocurre a nuestro alrededor. Son pensamientos negativos y automáticos que quedan fuera de nuestro control, es como si nuestra mente nos estuviese boicoteando. Son éstos los que pueden desarrollar estados de ánimo disfuncionales y generar un gran malestar en la persona, sin ser conscientes de ello, ya que, como hemos dicho,  para nosotros nuestros pensamientos son la realidad.

Veamos un poco como funciona: a partir de un estímulo específico (una mirada, una entonación de alguien hablando…)  se activará un pensamiento, y a partir de éste, se generará una cadena de eventos. El pensamiento es generador de una emoción (rabia, tristeza)  y la emoción  dará lugar a una conducta. Por ejemplo, pensemos en una persona que ha de presentarse a una entrevista o a una prueba importante para él. La ha dedicado mucho tiempo, pero por alguna razón que seguro tiene que ver con la acumulación de tensión y la falta de descanso por la dedicación a la preparación de la misma, falla. Se traba y el resultado no es el esperado. Al salir comienzan a acribillarle pensamientos del tipo «Nunca lo voy a conseguir«, «Soy un fracaso«, «Todo lo malo me pasa a mi» o «El mundo es injusto«.

Como veis, los pensamientos automáticos que se generan son automáticos, negativos, crueles y muy limitantes.

Lo peor y más peligroso de esto es que, si no le ponemos freno, podemos interiorizar este constructo como algo válido, afectando potentemente a nuestra autoestima. Creyendo verdaderamente que no servimos, que la vida sólo es sufrimiento y que los logros son fruto del azar.

En definitiva, sobregeneralizamos las conclusiones y esto nos empequeñece sin darnos cuenta, en el sentido de que estamos dominados por aquello que ocurre y pensamos que no se puede cambiar y estamos ‘mal hechos’ o somos desdichados de por vida.

Este es un trabajo minucioso y fructífero que realizamos en consulta. Si te has sentido identificado y te gustaría abordarlo para mejorarlo, no dudes en ponerte en contacto con nosotras para ello. Seguro que ganas muchísimo.

 

Lidia García Asensi
Psicóloga Sanitaria
Nº Colegiada M-27717