Caramelos de nata: una historia de vejez.

Caramelos de nata: una historia de vejez.

¡Cuánta soledad!

Me dice desde lejos una mujer mayor con un ojo cerrado y una muleta. Mi hija me reclama pero ella quiere iniciar una charla. La han operado de la cadera y de la rodilla. Necesita apoyos para caminar. Vive sola y, queriéndose hacer la cama, se ha resbalado y se ha dado con la barrera de metal que usa para protegerse. Se hizo mucho daño y perdió el conocimiento. Tardó un día en ser encontrada por su hijo que venía a visitarla. Tuvo suerte, coincidía con que era el día de la semana que le tocaba que la vinieran a ver.  Empezó a sollozar mientras me contaba que tenía 3 hijos, que entre ellos no se hablaban por tema de dinero, por lo que no podía disfrutar de una jornada con ellos juntos. Le dedicaban el tiempo que a ellos les sobraba pero vivía con la esperanza de que esto cambiara. Por eso había salido a la calle en un domingo frío, gris y desapacible, para ver si se encontraba con alguno de aquellos que crió y le convencía para subir a comer con ella.

 -¡Mamaaaaa! Me reclamaron.

 – Disculpe, tenemos que marcharnos -dije-. 


Se sacó del bolsillo dos caramelos de nata y se los ofreció a la pequeña.

– Lo siento, la niña no come caramelos.

– Cógemelos, por favor, cómetelos tú.

– Muchas gracias – me los metí en el bolsillo- y… quiero que sepa que es usted una señora admirable.

– A ver hija, qué voy a hacer…

– Que tenga buen día.

– Sí, me voy por ahí a ver si me encuentro con alguien.


Esto podría ser un texto inventado, pero es la reconstrucción de una escena real. En España hay un verdadero problema con la desatención y la soledad de las personas mayores. Cuesta entender que, en el final de la vida, uno tenga que estar sufriendo y acumulando pérdidas y sintiéndose poco importante habiendo dedicado la vida a otros. ¿Tienes algún mayor cerca? ¿Qué te parece si te acercas a visitar, ayudar, entretener y aprender?

Jadra A. Sanz

M-22844