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La difícil tarea de ayudar al otro (y dejarse ayudar)

 Una de las tareas que cuando se pone en marcha más desespera a la gente que rodea a la persona que sufre es la de intentar ayudarle y tener la sensación de darse contra una pared , no conseguir nada más que dañarse a uno mismo y generar rechazo en las dos partes.

 Cuando vemos a una persona que nos importa pasarlo mal, se despierta una gran ansiedad en nosotros que queremos paliar a base de hacer cosas para que ese momento doloroso pase cuanto antes. Por ello ponemos en marcha nuestras mejores estrategias que, en mucha ocasiones, parecen no funcionar en absoluto.

 Esto causa principalmente: 

-          Premura de la persona acompañante por la que la solución llegue pronto.

-          Sensación de atosigamiento y rechazo por parte del que sufre, porque opina que necesita estar solo/a y que lo consejos dados son vacíos, ya que nadie sufre como él/ella por lo que el sentimiento de incomprensión se acrecienta.

-          La persona que ayuda experimentará un desgaste emocional muy importante por ver escasos resultados a su labor y, en ocasiones, se sentirá quemado, perdido y con pensamientos como: ‘Esto no tiene salida’ y/o ‘No soy útil para intentar levantar el ánimo a quien quiero’.

Puede que decida entonces retirarse y es cuando el paciente experimentará una sensación de abandono que agrave su sentimiento de soledad y la relación entre ambos se deteriorará.

Conviene  intentar comprender que,  aunque es un arduo trabajo, el dolor es propio, de uno mismo, que ha de experimentarse y atravesarse hasta que, o bien se aprenda a vivir con ello, o bien se supere. Es cierto que se necesita a personas a nuestro alrededor para sentirnos acompañados en momentos de máxima angustia, pero estos apoyos no harán por sí solos que el sufrimiento cese ni traerán la recuperación.

El juego de roles termina cuando existe un profesional de por medio que se asegura de que exista un lugar propio con un lenguaje y técnicas adecuadas para poder enfrentar  la problemática en cuestión.

Si conoces a alguien que esté en esta situación o incluso tú mismo, no dudes en pedir ayuda.

No hay porqué seguir sufriendo.

¿Qué puede hacer la Psicología por mi?

 

El ser humano es un ser social, con tendencia a la comparación, y también a la búsqueda del reconocimiento por parte de sus iguales. Es por ello que la Psicología en ocasiones genera cierto rechazo, principalmente por falta de conocimiento por parte de de la sociedad, al tenderse a equiparar el Psicólogo como aquel que se encarga de las personas desequilibradas o mentalmente enfermas.

Es cierto que, a veces, se tratan desequilibrios, pero hay que perder el miedo a esta palabra. Un desequilibrio es, simplemente, una inquietud interior, la sensación de ausencia o falta de algo o una inestabilidad emocional, que no tiene por qué ser mantenida en el tiempo hasta que el daño sea muy doloroso.

Pongamos un ejemplo. Voy conduciendo mi coche y noto que, con el volante alineado, “se va” un poco a la izquierda. Sabemos que no es lo normal, así que lo llevamos a un taller para que revisen que ocurre. Es decir, actuamos normalmente, no tenemos miedo al mecánico ni al hecho de entrar en un taller, porque sabemos que la persona que mejor puede solucionar la situación es este profesional. Y, cuando arregla ese pequeñó desequilibrio de la dirección del vehículo, podemos continuar nuestro viaje con tranquilidad.

Pues bien, esto es la Psicología. No es la ciencia de los locos.

Algunos niños fracasan en el colegio no porque tengan malas técnicas de estudio, sino porque pueden presentar un déficit de atención o tener necesidad de gafas. Algunas personas tienen miedo a hablar en público aunque conozcan perfectamente la materia que van a impartir porque nadie les ha enseñado las técnicas necesarias para afrontar esa situación. Algunas personas están tristes y no saben por qué y sólo necesitan un poco de luz para averiguarlo. Otras están tristes y saben por qué y necesitan de alguien que les enseñe a cambiar el rumbo de las vías de su vida.

Para todas estas situaciones y muchas más puedes contar con la Psicología. Y, por supuesto, con nosotros.